martes, 31 de mayo de 2016

Los "privilegios" del magisterio.

¿Se imagina a un torero manifestándose por los derechos de los animales? ¿A un vendedor de piratería clamando respeto por los derechos de autor? ¿A un político exigiendo la desaparición de privilegios? Pues bien, recientemente, aunque sea difícil de creer, una de estas ironías extremas se ha vuelto realidad: Aurelio Nuño, Secretario de Educación, ha lanzado una ofensiva contra los supuestos privilegios del magisterio nacional.  

En un intento por minimizar y desacreditar la inconformidad ante la imposición de la Reforma Educativa, Nuño descalificó la lucha del principal grupo magisterial disidente señalando que ésta se centraba únicamente en la preservación de privilegios nocivos para el desarrollo educativo de la Nación. Sus palabras no sugirieron, ni remotamente, que las protestas encabezadas por los maestros del suroeste del país son un reflejo del hartazgo del profesorado nacional ante las leyes injustas que afectan seriamente sus condiciones salariales, de ingreso, permanencia y promoción. Asfixiado con su típica arrogancia y soberbia, Nuño no advirtió que su demanda, la erradicación de privilegios, más que a los maestros, se ajustaba perfectamente a los miembros de la clase política actual.  

Dentro de los muy limitados e irrelevantes argumentos de Nuño para defender la Reforma que tanto ha impulsado, siempre sale a relucir el tema del tráfico de plazas docentes.  Sin conceder que sea una práctica legítima, la venta y herencia de plazas magisteriales es un problema minúsculo si se compara con otros privilegios que afectan la vida del país. Señalar que alguien es privilegiado puede ser subjetivo, por lo tanto, se requiere de hechos y cifras concretas para, mediante un análisis comparativo, determinar cuáles son las verdaderas prerrogativas que lastiman a los mexicanos.

Si se habla de privilegios, sería interesante conocer cuántos maestros con plaza inicial (percibiendo aproximadamente $10,000 mensuales) son capaces de comprar a sus esposas un vestido de más de $100,000, tal cual lo hace el presidente de la República a la primera dama en los tradicionales festejos por la Independencia de México. Asimismo, para aquilatar los privilegios a los que hace referencia Nuño,  resultaría pertinente calcular cuántos préstamos vacacionales a los que tienen acceso los maestros se requerirían para pagar el hospedaje, de tan solo una noche ($49,000), en el hotel en el que estuvo el presidente Peña en su más reciente gira por Bélgica. Sería impensable también para un profesor pagar las vacaciones de varias decenas de amigos, como si lo puede hacer el presidente con sus 232 allegados, a quienes les pagó su gira "de trabajo" por Gran Bretaña. ¿Por qué esa clase de privilegios, notoriamente más nocivos para el país, no le causan comezón a Nuño? ¿Por qué sólo los de los "acaudalados" profesores?
 
Sin duda Nuño no conoce la docencia. No sabe que los privilegios, si se le puede llamar así, del  profesor  rara vez son materiales. No hay nada que regatearle a los maestros por supuestos privilegios y, menos, esos reclamos deben provenir de miembros de la clase política. Nuño miente descaradamente, tratando de desviar así la atención de una reforma perversa para la Nación mediante cualquier disparate que se le ocurra.  

Es evidente que Nuño no tiene calidad moral para exigir la desaparición de privilegios. No la tiene porque es priísta y su partido, en días recientes, ha sido promotor en el Congreso de privilegios insultantes tales como perdonar a los funcionarios que roben pero "regresen lo robado". No puede hablar de privilegios porque forma parte de un grupo político que disfruta mansiones mal habidas, medios de transporte exageradamente lujosos, ropa de precios desorbitados...  Finalmente, no tiene autoridad para referirse a las prerrogativas porque, irónicamente, gana en un día más de lo que gana en una quincena muchos de aquellos maestros a los que él llama privilegiados.


Twitter: @proferogelio85

1 comentario:

  1. Vaya, entones ¿las plazas hereditarias si existen? Al no ser yo miembro de la clase política, ¿me das permiso de indignarme y exigir su desaparición?. De eso y de otrs muchas con la que ciudadanos de a pié no contamos, como poder ausentarnos por tiempo indefinido sin consecuencias.

    ResponderEliminar