martes, 7 de junio de 2016

Favorcer escuelas privadas: acentuación de la inequidad y precarización docente.

En Colima, el primer hecho de gran calado en materia educativa del gobernador Peralta ha sido el envío al Congreso Local de una iniciativa de reforma mediante la cual, después de su aprobación por los legisladores (aunque supuestamente aprobaron  una iniciativa "diferente"), se derogó el impuesto a la prestación del servicio de enseñanza que pagan las instituciones educativas particulares. Según palabras del mandatario, esta acción busca, supuestamente, mejorar la calidad de la enseñanza y ampliar la oferta educativa (de planteles privados, obviamente). Los propósitos de esta medida son sumamente debatibles desde dos perspectivas: la inequidad que promueve el Sistema Educativo Mexicano y la imposición de una Reforma Educativa que da indicios cada vez más claros de buscar la privatización de la educación. 

El primer aspecto desde el cual se podría refutar la medida tomada por Peralta es el referente a la equidad que debe promover la educación mexicana. De acuerdo al documento "Panorama Educativo de México. Indicadores del Sistema Educativo Nacional", publicado por el Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE),  de las 228,205 escuelas de Educación Básica en el país, el 87.6% son públicas y sólo el 12.4% son privadas. El organismo referido reconoce que los planteles públicos enfrentan más dificultades que los privados para brindar un servicio educativo adecuado. Por ejemplo, en cuanto a matrícula, los primeros tienen un promedio de 177 alumnos, por sólo 88 de los segundos. Referente a infraestructura, un elemento representativo es el equipamiento de computadoras: la mayoría de las escuelas privadas (85%) tiene al menos una computadora, mientras que sólo poco más de un tercio (35.3%) de los planteles públicos dispone de una.
El 46.9% de las escuelas públicas en el país son multigrado, es decir, un maestro atiende simultáneamente a varios grados, con las dificultades pedagógicas que esto acarrea; en cambio, sólo el 14.8% de las escuelas privadas son de este tipo. Las consecuencias de situaciones como las señaladas, que desnudan lo injusto del sistema educativo mexicano y su vocación por preservar las diferencias sociales, se ven reflejadas en las tasas de aprobación: por cada 1,000 estudiantes,  cinco niños más en primarias privadas y  50 alumnos más en secundarias privadas aprueban con respecto a los que asisten a  escuelas públicas. Así pues, estadísticas como las anteriores son suficientes para advertir que quienes forman parte de centros escolares públicos están en mayor riesgo de reprobación, abandono y deserción, así como de asistir a escuelas inadecuadas para el desarrollo de la tarea educativa. No es entonces congruente, ni mucho menos lógico, promover medidas que favorezcan a las escuelas privadas cuando a todas luces  las públicas requieren más apoyo.
El segundo ángulo desde el cual se puede objetar la propuesta de Ignacio Peralta tiene que ver con la implementación de una Reforma Educativa que demuestra, cada vez con mayor fuerza, su afán privatizador, una reforma que, por cierto, fue concebida por la cúpula política a la que es allegado el gobernador colimense. ¿Encaja la propuesta de Peralta con los propósitos de la Reforma Educativa? Perfectamente, como cuchillo en mantequilla. Notables académicos de diferentes instituciones coinciden en señalar que las modificaciones a los artículos 3° y 73 constitucionales y las leyes secundarias derivadas de estos cambios tienen un fin perverso: hacer de la docencia un empleo de segunda.  Es bien sabido que en la gran mayoría de las escuelas particulares de educación básica las condiciones laborales son inferiores a las que prevalecen en los planteles públicos. Entonces se están matando tres pájaros de un tiro: dejar que la iniciativa privada comparta en mayor medida la responsabilidad educativa del Estado, evitar la creación de plazas docentes dignas y promover la precarización de las condiciones laborales del magisterio.
Sería pertinente que el gobernador y los legisladores dieran respuesta a las siguientes preguntas: ¿Qué se le exigirá a los colegios a cambio de la eliminación de este impuesto? ¿Se les obligará a reducir los costos de las colegiaturas para que más personas puedan acceder a sus servicios? ¿Habrá un tope razonable en las cuotas acorde a la economía de las familias promedio colimenses y no sólo de las mejor acomodadas? ¿Tendrá esta iniciativa repercusión favorable en las condiciones laborales de los maestros que se desempeñan en estos centros escolares? ¿En qué se sustenta para sugerir que la proliferación de escuelas privadas impacta benéficamente en los resultados educativos, como señala la justificación de su propuesta? ¿Están las arcas estatales en condiciones como para perdonarles impuestos a los que más tienen?
Iniciativas como las del gobernador de Colima acentúan la de por sí marcada inequidad del Sistema Educativo Mexicano pues desafortunadamente en nuestro país, a diferencia de aquellos que tienen mejores resultados educativos, la existencia de instituciones privadas es un factor que aumenta la cada vez más larga brecha entre clases sociales.  Si se habla de prioridades, indudablemente las escuelas públicas están por delante de las privadas. Sólo alguien que no conoce, en lo más mínimo, la realidad de la educación mexicana y/o busca que este derecho fundamental se convierta en un gran negocio,  justificaría la propuesta enviada al Congreso por el mandatario colimense y aprobada por los legisladores.
 
Twitter: @proferoger85

2 comentarios:

  1. "¿En qué se sustenta para sugerir que la proliferación de escuelas privadas impacta benéficamente en los resultados educativos, como señala la justificación de su propuesta?"

    Profe, me parece que dedicó 2 párrafos enteros a proveer datos duros que dan respuesta a esta pregunta.

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  2. En efecto, mejores resultados PARA LOS QUE TIENEN DINERO para pagar ese servicio. Sostengo que de ningún modo la proliferación de escuelas privadas hará aumentar los resultados educativos de TODOS, y no sólo de quienes pueden pagar su educación. No olvide, nuevamente, que los resultados favorables de las escuelas privadas se deben en gran parte al contexto favorable del alumno.

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