miércoles, 15 de junio de 2016

Indígenas: condenados por la escuela mexicana.

Se dice que un sistema educativo debe estar orientado hacia la promoción de la movilidad social y regido por principios de equidad y justicia. De este modo, el asistir a la escuela debería representar una oportunidad de mejoramiento en cuanto a las oportunidades de desarrollo del individuo. Desafortunadamente, el Sistema Educativo Mexicano actúa a la inversa: en vez de propiciar las condiciones para procurar la movilidad social de quienes atiende, reduce drásticamente las posibilidades de superación de sus estudiantes. Es más, según palabras del Dr. Manuel Gil Antón, la escuela mexicana se especializa en encadenar el origen y el destino de los estudiantes: si los padres de un mexicano no tienen estudios, sus probabilidades de asistir a la preparatorio son del 2%, mientras que si los padres cuentan con estudios de posgrado, la probabilidades aumentan al 93%. Datos tan contundentes como el anterior ponen de manifiesto que la educación mexicana promueve la desigualdad.  

En nuestro país, uno de los grupos más desfavorecidos son los indígenas. Desafortunadamente, en México se les asocia, de manera casi automática, con pobreza y discriminación. El Censo de Población y Vivienda 2010, reveló algunas injusticias que sufre la población que habla lengua indígena. En materia laboral, de la población económicamente activa, más del 40% se ocupa en el sector primario, es decir, en el de menor remuneración; 69% recibe menos de dos salarios mínimos por su trabajo (incluso 30% no recibe salario); sólo el 1.8% percibe una jubilación. En cuanto a educación, el 8.9% de los indígenas de 15 a 24 años son analfabetas, por sólo 1.3% de los no indígenas. Por último, en relación a salud, el 42.9% de quienes hablan una lengua indígena no tienen derecho a servicios médicos.

Así pues, es evidente que los indígenas son quienes más necesitan de la educación para superar sus precarias condiciones de vida. Si la equidad fuera un principio rector de nuestro sistema, las escuelas indígenas tendrían que ofrecer  un mejor servicio que las escuelas generales. El propio INEE (2014), ha puesto a la luz rasgos de la escuela mexicana que confirman su naturaleza discriminatoria. Por ejemplo, en cada escuela primaria pública indígena hay, en promedio, 3.5 docentes, es decir, a cada uno le corresponde atender dos grados; en cambio, en las primarias públicas generales, el promedio es de 6.7 profesores. No obstante que la cantidad de maestros tiene que ver con la matrícula escolar, lo cierto es que los alumnos indígenas no tienen la posibilidad de contar con un maestro especialmente para el grado que cursan; asimismo, los profesores de estos planteles enfrentan mayores dificultades pedagógicas al tener que atender simultáneamente a dos o más grados. En suma, una injusticia para los alumnos indígenas.

En cuanto al equipamiento de las escuelas, el 15.8% de las primarias indígenas tienen acceso a una computadora para fines educativos, mientras que la media nacional se sitúa en 39.6%; en el acceso a internet, sólo el 8.3% de las escuelas indígenas cuentan con acceso a internet, por 37% de los planteles del país. Las privaciones de las escuelas indígenas llegan a situaciones increíbles: la mitad de las primarias no cuenta con drenajes, uno de cada cuatro preescolares carece de sanitarios y, además, también una cuarta parte tiene un techo en condiciones precarias. Si algún indígena logra la hazaña de llegar a Educación Media Superior, se encontrará con que es casi imposible encontrar a un docente de este nivel que hable su lengua (0.6%). En un sistema educativo que debería estar regido por la equidad, es decir, darle más a los que menos tienen, es inadmisible que los planteles escolares indígenas sean los que encabezan las carencias en infraestructura, afectando así a la calidad del servicio que ofrecen precisamente a quienes más necesitan de éste. 

No es casualidad entonces que Oaxaca y Chiapas, las entidades con mayor número de indígenas, sean también las que tienen mayor número de analfabetas en el país. No es fortuito tampoco que el índice de abandono escolar durante el tránsito educativo ideal de las escuelas primarias indígenas (9.9%) sea el doble que el de las escuelas primarias generales. Tampoco es coincidencia que  de cada 100 alumnos, haya cinco más en educación indígena que en educación general en edad no ideal. Está claro: los indígenas asisten a una escuela que representa un obstáculo para su superación.

Por el bien de los indígenas y muchos otros mexicanos desfavorecidos, el sistema educativo debe ser reorientado en busca de la equidad. Las escuelas indígenas deben funcionar promoviendo la reducción de las brechas sociales entre los mexicanos y no perpetuándolas. Para eso, son necesarias muchas acciones para convertir a estas escuelas en verdaderos centros de superación: capacitación docente, mejoras en infraestructura y aumento de la planta docente de cada escuela, por mencionar algunas. No debemos olvidar también la importancia del mejoramiento de las condiciones socioeconómicas, pues de ellas depende en gran parte el éxito educativo de un alumno.

  
Fuentes de información:

INEE. Panorama Educativo de México. Indicadores del Sistema Educativo Nacional. 2014. Educación Básica y Media Superior. México: INEE, 2015.
INEGI. Censo de Población y Vivienda 2010. Disponible en www.censo2010.org.mx
GIL ANTÓN, Manuel. "La Reforma Educativa y la Educación que México necesita" (Conferencia). Sonora, 2016.


Twitter: @proferoger85

martes, 7 de junio de 2016

Favorcer escuelas privadas: acentuación de la inequidad y precarización docente.

En Colima, el primer hecho de gran calado en materia educativa del gobernador Peralta ha sido el envío al Congreso Local de una iniciativa de reforma mediante la cual, después de su aprobación por los legisladores (aunque supuestamente aprobaron  una iniciativa "diferente"), se derogó el impuesto a la prestación del servicio de enseñanza que pagan las instituciones educativas particulares. Según palabras del mandatario, esta acción busca, supuestamente, mejorar la calidad de la enseñanza y ampliar la oferta educativa (de planteles privados, obviamente). Los propósitos de esta medida son sumamente debatibles desde dos perspectivas: la inequidad que promueve el Sistema Educativo Mexicano y la imposición de una Reforma Educativa que da indicios cada vez más claros de buscar la privatización de la educación. 

El primer aspecto desde el cual se podría refutar la medida tomada por Peralta es el referente a la equidad que debe promover la educación mexicana. De acuerdo al documento "Panorama Educativo de México. Indicadores del Sistema Educativo Nacional", publicado por el Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE),  de las 228,205 escuelas de Educación Básica en el país, el 87.6% son públicas y sólo el 12.4% son privadas. El organismo referido reconoce que los planteles públicos enfrentan más dificultades que los privados para brindar un servicio educativo adecuado. Por ejemplo, en cuanto a matrícula, los primeros tienen un promedio de 177 alumnos, por sólo 88 de los segundos. Referente a infraestructura, un elemento representativo es el equipamiento de computadoras: la mayoría de las escuelas privadas (85%) tiene al menos una computadora, mientras que sólo poco más de un tercio (35.3%) de los planteles públicos dispone de una.
El 46.9% de las escuelas públicas en el país son multigrado, es decir, un maestro atiende simultáneamente a varios grados, con las dificultades pedagógicas que esto acarrea; en cambio, sólo el 14.8% de las escuelas privadas son de este tipo. Las consecuencias de situaciones como las señaladas, que desnudan lo injusto del sistema educativo mexicano y su vocación por preservar las diferencias sociales, se ven reflejadas en las tasas de aprobación: por cada 1,000 estudiantes,  cinco niños más en primarias privadas y  50 alumnos más en secundarias privadas aprueban con respecto a los que asisten a  escuelas públicas. Así pues, estadísticas como las anteriores son suficientes para advertir que quienes forman parte de centros escolares públicos están en mayor riesgo de reprobación, abandono y deserción, así como de asistir a escuelas inadecuadas para el desarrollo de la tarea educativa. No es entonces congruente, ni mucho menos lógico, promover medidas que favorezcan a las escuelas privadas cuando a todas luces  las públicas requieren más apoyo.
El segundo ángulo desde el cual se puede objetar la propuesta de Ignacio Peralta tiene que ver con la implementación de una Reforma Educativa que demuestra, cada vez con mayor fuerza, su afán privatizador, una reforma que, por cierto, fue concebida por la cúpula política a la que es allegado el gobernador colimense. ¿Encaja la propuesta de Peralta con los propósitos de la Reforma Educativa? Perfectamente, como cuchillo en mantequilla. Notables académicos de diferentes instituciones coinciden en señalar que las modificaciones a los artículos 3° y 73 constitucionales y las leyes secundarias derivadas de estos cambios tienen un fin perverso: hacer de la docencia un empleo de segunda.  Es bien sabido que en la gran mayoría de las escuelas particulares de educación básica las condiciones laborales son inferiores a las que prevalecen en los planteles públicos. Entonces se están matando tres pájaros de un tiro: dejar que la iniciativa privada comparta en mayor medida la responsabilidad educativa del Estado, evitar la creación de plazas docentes dignas y promover la precarización de las condiciones laborales del magisterio.
Sería pertinente que el gobernador y los legisladores dieran respuesta a las siguientes preguntas: ¿Qué se le exigirá a los colegios a cambio de la eliminación de este impuesto? ¿Se les obligará a reducir los costos de las colegiaturas para que más personas puedan acceder a sus servicios? ¿Habrá un tope razonable en las cuotas acorde a la economía de las familias promedio colimenses y no sólo de las mejor acomodadas? ¿Tendrá esta iniciativa repercusión favorable en las condiciones laborales de los maestros que se desempeñan en estos centros escolares? ¿En qué se sustenta para sugerir que la proliferación de escuelas privadas impacta benéficamente en los resultados educativos, como señala la justificación de su propuesta? ¿Están las arcas estatales en condiciones como para perdonarles impuestos a los que más tienen?
Iniciativas como las del gobernador de Colima acentúan la de por sí marcada inequidad del Sistema Educativo Mexicano pues desafortunadamente en nuestro país, a diferencia de aquellos que tienen mejores resultados educativos, la existencia de instituciones privadas es un factor que aumenta la cada vez más larga brecha entre clases sociales.  Si se habla de prioridades, indudablemente las escuelas públicas están por delante de las privadas. Sólo alguien que no conoce, en lo más mínimo, la realidad de la educación mexicana y/o busca que este derecho fundamental se convierta en un gran negocio,  justificaría la propuesta enviada al Congreso por el mandatario colimense y aprobada por los legisladores.
 
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viernes, 3 de junio de 2016

La Historia según los popis.


En los últimos años, se ha acentuado notablemente una tendencia "desmitificadora" de la Historia, donde parece que los buenos finalmente eran los malos y los malos misteriosamente se convierten en buenos. Es una concepción de la Historia que encaja perfectamente con el estilo de vida y de gobernar de las cúpulas actuales, así como con los ideales de los más acaudalados. Los héroes tradicionales quedan reducidos a cenizas, mientras que en algunos casos, los que solían ser considerados como villanos, pasan a ser figuras admirables.  De este modo, inexplicablemente la independencia nacional ya no se la debemos a Hidalgo, Morelos y Guerrero, sino a Iturbide quien resultó ser un emperador que clausuraba congresos.  Ahora resulta que Benito Juárez era un dictador pro gringo y vende patrias, mientras que la Revolución Mexicana nada tuvo que ver con las barbaridades del porfiriato y sólo fue una riña sin sentido entre pandillas políticas.
  
El modus operandi de estos "desmitificadores" de la Historia es casi siempre el mismo: golpear la figura de los héroes tradicionales cuestionando, en algunos casos,  su vida personal (preferencias sexuales, amoríos, hijos no reconocidos, vicios, etc.) y, en otros más, haciendo "leña del árbol caído" de los yerros políticos de estos personajes, olvidando que se trata de seres humanos imperfectos, que naturalmente se equivocan. Así pues, no es de extrañar que para demeritar a Juárez ineludiblemente se mencionen episodios como el Tratado McLane-Ocampo, como si esto hubiera sido lo único importante que aconteció en la vida del indígena oaxaqueño. Bajo esta lógica, cualquier defecto o error de los héroes tradicionales es automáticamente superior a cualquier virtud o hazaña y suficiente para hacer trizas toda una obra por más notable que ésta sea.
El ejemplo más representativo de esta forma de contar la Historia sin duda es Porfirio Díaz, a quien incluso, bajo esta perspectiva, algunos han tenido el atrevimiento de calificarlo como el mejor presidente mexicano. Argumentan los partidarios de esta tendencia que, bajo su mandato, finalmente la nación entró en una etapa de paz, sin detenerse a pensar en el verdadero significado de esta palabra que, evidentemente va más allá de la ausencia de eventos bélicos significativos. Ensalzan la estabilidad política del porfiriato, pero mañosamente no mencionan que ésta se sostenía en la censura de las voces opositoras, la perpetuación de los actores políticos  y la simulación de procesos democráticos. Recuerdan con orgullo  el gran crecimiento de la economía nacional, pero no dicen nada acerca de la inequitativa distribución de la riqueza y las lamentables condiciones  de pobreza de la abrumadora mayoría de la población mexicana. Finalmente, presumen los grandes avances tecnológicos de la época, sin importar que casi nadie tenía acceso a ellos. Así como con Díaz se magnifican las virtudes (algunas cuestionables) y se ocultan los defectos, con los héroes tradicionales sucede exactamente lo contrario.
¿Quiénes son esos héroes tradicionales que tanto son atacados? Generar una lista de ellos sería una cuestión subjetiva, sin embargo, indudablemente los más castigados son Hidalgo, Juárez, Villa, Zapata y Cárdenas. ¿Por qué los atacan? Como la Historia es parte de la conciencia nacional y, de este modo, un fundamento de las actitudes y las decisiones de los mexicanos ante la realidad, este grupo de distorsionadores a favor del régimen actual, quiere que borremos de nuestra mente a personajes históricos que, más allá de sus yerros personales o políticos representan ideales de justicia y bienestar común, dos conceptos que sólo aparecen en los discursos de nuestros gobernantes, pero rara vez en sus acciones. 
Por tal razón, quieren que olvidemos a Lázaro Cárdenas, quien demostró que ni siquiera los intereses de las grandes empresas trasnacionales deben estar por encima del bienestar de la clase trabajadora mexicana. Quieren que dejemos de lado la figura de Juárez, quien dio muestra de que la soberanía se defiende hasta las últimas consecuencias y que la honestidad (al igual que todo el grupo de liberales que encabezaba) debe ser una cualidad ineludible de la clase gobernante; quieren que olvidemos al oaxaqueño para que no se nos ocurra pensar que puede haber un presidente que suspenda su pago y calce botas rotas ante la crisis económica del país.
Quieren relegar a Francisco Villa para que no conozcamos que hubo alguien que, literalmente, en un mes, arrebató a la nobleza sus riquezas mal habidas y nocivas para el bienestar general y las puso al servicio de los más necesitados.  También, quieren que olvidemos a Emiliano Zapata para que así nos parezca natural el despojo y la distribución inequitativa de los recursos naturales del país. Asimismo, desvirtúan la figura de Miguel Hidalgo, quien se atrevió a desafiar al régimen existente al señalar que "su justicia no es nuestra justicia".

Es claro entonces que los ideales representados por estos héroes no son compatibles con las necesidades de los grupos del poder actual. Por eso son tan rechazados. Cómo aceptar a Cárdenas cuando las empresas trasnacionales (Wal-Mart, Burger King, McDonald's, etc.) se instalan en nuestro país generando empleos miserables. De qué manera digerir a Zapata cuando las empresas mineras canadienses se devoran impunemente el territorio y las riquezas naturales del país. Cómo admitir a Juárez y el laicismo cuando presidentes y gobernadores se han arrodillado a besar el anillo papal. En un país donde la fuerza pública, los medios de comunicación y las instituciones oficiales linchan a los docentes, es imposible reconocer a Villa, quien demostró con hechos sólidos su confianza en la trascendencia de la educación al construir escuelas masivamente y elevar los sueldos de los maestros cuando fue gobernador de Chihuahua. Cómo admirar a los liberales, un grupo político integrado, entre otros profesionistas, por notables escritores, poetas, periodistas y filósofos, personajes de gran brillo intelectual, cuando la cúpula política actual está encabezada por alguien que no ha leído tres libros a lo largo de su vida.
     
 
Así pues, esa visión de la Historia busca evitar que la mente de "la prole" se contamine de conceptos nocivos para los intereses cupulares tales como soberanía, equidad, justicia y bienestar común. Es una forma de adormilar la conciencia nacional para evitar cualquier deseo de cambio. Es una alteración de los hechos y los personajes buscando justificar y perpetuar las injusticias actuales. Es decirle al mexicano, implícitamente, "no lo admires", pues sólo era un bandolero, un dictador, un populista, un terrateniente. Es hacerlo enamorarse de los propios infiernos que vive cotidianamente. Esto es, en suma, la historia según los popis.



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