miércoles, 28 de septiembre de 2016

¿Pesa más un examen que una trayectoria?

Según los resultados del INEE (Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación) en el primer ejercicio de evaluación docente de Educación Básica, quienes están en mayor riesgo de ser despedidos son los profesores mayores de 50 años. Asimismo, son quienes menos posibilidades tienen de acceder a un estímulo económico. En la Evaluación del Desempeño (o sea, por la permanencia), más de una cuarta parte (27.5%) de estos docentes obtuvo un resultado insuficiente. Por el contrario, los maestros menores de 30 años sobresalieron en los resultados destacados, logrando este nivel el 17.8% de los evaluados. En cuanto al Concurso para la Promoción, en todos los cargos disputados por examen los maestros de 30 años o menos destacaron en la obtención de resultados idóneos (66%). Es decir, los maestros más jóvenes se impusieron por mucho a los más experimentados al conseguir ascensos en mayor proporción.

Si bien se trata de los primeros resultados de la evaluación docente y sería aventurado considerarlo como una tendencia sostenible a largo plazo, lo cierto es que a partir de ellos es posible vislumbrar una relación: a menor cantidad de años de servicio, mayores son las posibilidades de permanecer en el empleo, obtener estímulos económicos y promociones.

Mientras se resuelve la incógnita si se trata de resultados aislados o de una tendencia, a partir de los datos anteriores surgen una serie de preguntas: ¿Por qué a los maestros jóvenes les va tan bien en esta evaluación? ¿Son realmente los maestros novatos más “idóneos” que los maestros con una larga trayectoria laboral? ¿Acaso los segundos se volvieron obsoletos? ¿Acaso las Normales en las que se formaron los maestros jóvenes son más efectivas a las Normales en las que se formaron los docentes más longevos? ¿Es creíble que los maestros con menos años de servicio sean mejores que aquellos con una trayectoria más larga? Cuesta trabajo creer que, por ejemplo, los maestros recién egresados tengan mejores resultados que los maestros más experimentados cuando muchos de éstos fungieron como sus tutores dentro de sus prácticas profesionales en las escuelas normales. Es difícil creer también que un docente con pocos años de servicio o que no ha sido director, tenga las tablas para desempeñarse como supervisor. 

La respuesta a varias de las preguntas anteriores tiene que ver con uno de los defectos más notorios de la evaluación docente: no contemplar la trayectoria laboral de los docentes, considerar que la aptitud de un maestro se limita a la fecha y la hora en que presenta su examen. Ignorar la experiencia y la trayectoria laboral de los profesores en los procesos de promoción hizo posible, por ejemplo, que docentes de grupo dieran el salto a supervisiones sin haber ejercido nunca como directores. Es decir, se omitieron etapas de crecimiento profesional bajo el único argumento de haber obtenido una calificación favorable en una prueba. No se recrimina a los docentes que obtuvieron tales ascensos, pues son las vías existentes y legales para hacerlo, pero ¿se imaginan a un supervisor novato tratando de aconsejar a un director que lo dobla o triplica en años de servicio, cuando ni siquiera ha ejercido esa función anteriormente? ¿En qué guía de estudio del INEE consultada para su prueba de promoción encontrará la sugerencia para ese directivo? Problemas como éste se derivan de sobrevaluar la efectividad de un examen para medir la capacidad de un docente.

Es preocupante que una evaluación como la diseñada por el INEE y ejecutada por la SEP desprecie totalmente el peso que tiene la experiencia. Sería un error pretender que la antigüedad sea el factor decisivo para otorgar promociones, pues no necesariamente los años de experiencia se traducen en la consolidación profesional. Sin embargo, es un error aún más grave  hacerla a un lado por completo y seleccionar a quienes ejercerán puestos directivos tomando como referencia únicamente al examen. Existen antecedentes, como la extinta Carrera Magisterial (aun con todos los defectos que se le atribuyen), donde la antigüedad representaba un candado y a la vez un puntaje a favor (aunque mínimo) en la consecución de los estímulos económicos concursados. Valdría la pena retomar y perfeccionar mecanismos de evaluación como el anterior y buscar la manera de valorar la experiencia, entendiéndola no sólo como la acumulación de años de servicio, sino de logros y experiencias significativas que redunden en un crecimiento profesional.

Es lamentable pues que este sistema de evaluación ignore la experiencia, esa que nos da tantos conocimientos difíciles o imposibles de expresar en el instrumento rey de estos procesos de evaluación propuestos por el INEE: el examen. Más lamentable aún es que el instituto, tal cual lo demostró en su boletín 47, no parezca dispuesto a modificar, de fondo, esta evaluación a todas luces defectuosa.


REFERENCIA: INEE (2016). La Educación Obligatoria en México. Informe 2016. México: INEE.


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jueves, 22 de septiembre de 2016

La consulta no era en 2016, era antes de 2013.


El Modelo Educativo y la Propuesta Curricular 2016 han sido puestos “a debate” por las autoridades educativas. Son muchos los temas y propuestas que se abordan en los documentos anteriores y, muchos de ellos, ya están siendo ejecutados por las autoridades correspondientes. Por ejemplo, en cuanto a la infraestructura escolar, ya opera el programa Escuelas al CIEN. En materia de evaluación, desde hace un par de años ya está en curso el Servicio Profesional Docente. En cuanto a formación docente, es bien sabido que dentro de poco se dará una transformación sustancial a las escuelas normales. Temas como los anteriores serán puestos a consulta, cuando curiosamente ya no sólo están definidos, sino incluso ya están siendo ejecutados. Entonces, ¿para qué es la consulta: para crear colectivamente o para reafirmar y legitimar las propuestas de unos cuantos? ¿por qué someter a consulta hasta este momento lo que supuestamente es el alma de la Reforma Educativa?

En principio, la consulta es un fraude por cuestiones temporales. El Modelo Educativo y la Propuesta Curricular, al igual que la Evaluación Docente y el INEE, son derivados de la Reforma Educativa. Ésta, como bien sabemos, fue aprobada  sin la participación de los docentes y demás actores educativos; peor aún, en el Congreso, los diputados domesticados por el Pacto por México, impidieron un debate real ante un tema tan trascendente como lo es la educación nacional. Su aprobación en el recinto legislativo se dio, pues, “de rapidito” y “en lo oscurito” (en una sede alterna) sin tener una idea clara de las necesidades del país y las posibles soluciones en materia educativa.

Así pues, las autoridades mexicanas ejecutaron las acciones justo en el orden inverso: antes de tener definido un modelo educativo, realizaron las modificaciones legales correspondientes. En su implementación, sobre todo en lo que toca a la evaluación docente, la Reforma desató un caudal de inconformidades en gran parte del magisterio nacional. Las voces inconformes fueron ignoradas. Por lo anterior, muchos ven con incredulidad que, después de algunos años de la aprobación e implementación de esta reforma, las autoridades hayan recordado repentinamente la utilidad del diálogo.

Otro asunto que levanta muchas sospechas son los invitados a estas consultas. Aunque en teoría cualquiera tendría derecho a participar en la consulta, resulta sospechoso que, en algunos Estados, en estas reuniones donde supuestamente se convoca abiertamente a la ciudadanía, hay una gran cantidad de participantes que tienen relación con la SEP, el SNTE o el PRI. Sin suponer que sea deseable que se discrimine a quien tenga alguna filiación con estas instituciones, pues, como cualquier mexicano, tienen derecho a expresarse libremente, es un hecho que su predominio resta credibilidad a estos ejercicios de consulta.  Por momentos, pareciera que se trata de una consulta entre amigos.

¿Cómo estos actores van a criticar algo que surge precisamente del grupo de poder con el que se identifican y que, en algunos casos, les permite seguir gozando de privilegios? ¿Qué grado de objetividad pudieran tener los cuestionamientos, si es que los hay, hacia el modelo analizado? ¿Cómo, por ejemplo, un comisionado del SNTE (algunos con más de una década sin pisar un aula) podrá hacer aportaciones para este modelo? ¿Se atreverá un empleado promedio de la SEP a descalificar las “brillantes” creaciones de sus más altos jefes?

Aunado a lo anterior, es penoso que en algunos de los foros que se organizan para analizar el Modelo Educativo, los organizadores omitan precisamente los temas más polémicos del documento a analizar. Por ejemplo, en Colima, se convocó a todos los docentes de grupo a analizar cada uno de los apartados del Modelo Educativo; curiosamente, dentro de los apartados no se incluye el referente a la Formación y Desarrollo Profesional Docente, en el cual se aborda, precisamente el corazón de la Reforma Educativa: la evaluación docente. Es decir, el cambio más importante de las reformas legales no está a discusión (de hecho, nunca lo estuvo).   

La consulta debe ser un procedimiento plural en el que se traten de conciliar los puntos de vista e intereses divergentes. Deben de ser debates auténticos en los que, por ejemplo, se traten de acercar las miradas empresariales y las humanistas; no se debe temer a dar cabida a las voces disidentes. Precisamente la pluralidad debe ser el componente esencial de estos encuentros para que sean provechosos.


Desafortunadamente, consultar en estos momentos ya no tiene mucha relevancia. La Reforma y todo lo que de ella se desprende son un árbol que nació torcido. El daño está hecho: la Reforma Educativa y sus derivados son producto de un proceso conducido por autoridades sordas, que censuraron la voz más importante para este cambio: la del magisterio. Por errores tan graves como el anterior, a los impulsores de la Reforma no les han quedado otras herramientas más que la represión y las amenazas. La consulta llegó tres años tarde.

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lunes, 5 de septiembre de 2016

La cerrazón del INEE.

El pasado 25 de agosto de 2016 el Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE) emitió el boletín 47 (http://www.inee.edu.mx/images/stories/2016/boletines/Boletin47.pdf) en el que, supuestamente, se replantea el modelo de evaluación del desempeño profesional docente para 2017. Entre las modificaciones que destacan se encuentra el cambio en la cantidad de etapas del proceso de evaluación y la corrección de graves errores técnicos y administrativos sucedidos durante el ejercicio del 2015.

Aunque con diferente cantidad de etapas, las tareas a realizar dentro del proceso de evaluación seguirán siendo las mismas: un informe de responsabilidades profesionales (ahora no sólo por parte del director, sino también del mismo maestro), el diseño de un proyecto de enseñanza (englobando las antiguas etapas de planeación argumentada y evidencias de enseñanza) y el examen de conocimientos. La modificación en apariencia más novedosa tiene que ver con los proyectos de enseñanza, pues a diferencia del proceso anterior, a partir de 2017 los docentes deberán no sólo confeccionar una clase, sino aplicarla y analizar sus evidencias. Como se observa, el diseño y la aplicación de estrategias de enseñanza ya estaban presentes desde el modelo anterior, aunque eran independientes unas de otras. Así pues, no es tampoco un gran avance el hecho de que los proyectos de enseñanza tengan que derivar en evidencias del trabajo realizado en clase. En suma, cambia el número de etapas, mas no las tareas a realizar.

Resulta preocupante que “los mayores esfuerzos posibles” del INEE (tal cual se menciona en los dos últimos párrafos de la segunda página del comunicado) para mejorar la evaluación se centren en aspectos técnicos y administrativos: procesos de notificación, entrega de claves de acceso, equipamiento de las sedes, conectividad, capacitación de los aplicadores, el trato a los docentes, etc. Es de alarmar pues que el instituto no pueda (o no quiera) identificar y modificar los puntos sustanciales de una evaluación que goza cada vez de mayor descrédito. Es inquietante también que, aún reconociendo los errores administrativos y técnicos tan graves, el INEE y la SEP se hayan atrevido a utilizar esta evaluación para determinar la permanencia de miles de docentes.

Sin duda es necesario que el INEE dé una explicación de cómo resolverá los graves problemas de fondo de la evaluación: cómo incorporar la observación directa al proceso de evaluación; o cómo asegurar, por ejemplo, que el proyecto de enseñanza efectivamente sea aplicado; o que realmente sea el docente quien sube a la red y argumenta sus evidencias de trabajo; o cómo modificar un examen a todas luces defectuoso y descontextualizado por otro que tenga relevancia en el quehacer cotidiano de un profesor. Las modificaciones propuestas por el INEE son superficiales, no impactan de manera alguna en la esencia de una evaluación despreciada, con justa razón, por un gran sector del magisterio.

Definitivamente el continuismo de las malas prácticas evaluativas es un signo de cerrazón por parte del INEE y, de manera más amplia, del gobierno federal. Finalmente, aunque se presuma la autonomía del instituto, se han dado muestras claras del sometimiento de éste a la autoridad federal; entonces, no es extraña la sintonía de perspectivas.  No han sido pocos los académicos que han denunciado la falta de validez de la evaluación propuesta por el instituto. No han sido escasos tampoco los docentes que se han quejado por la falta de pertinencia de los instrumentos y estrategias para valorar su práctica.

Ignorando todas esas voces de inconformidad, el INEE, lleno de arrogancia y soberbia, se atreve a decir en su boletín que “la evaluación de 2015 fue válida y permitió establecer adecuadamente el nivel de desempeño de quienes participaron en ella”, aún cuando el mismo instituto, en su Encuesta de Satisfacción 2015 (http://www.inee.edu.mx/images/stories/2016/spd/nuevo_modelo/informes/Encuesta_de_satisfaccion_2015.pdf), revela que de los más de 10,000 maestros encuestados, más del 70% consideraron como inadecuado el diseño, el contenido y la duración del examen.  


En el mismo tenor que las autoridades federales, quienes han demostrado una cerrazón política que ha propiciado enfrentamientos y pérdidas de vidas humanas, el INEE replica con una cerrazón académica que puede llevar a maestros a sufrir despidos por demás injustificados, basados en una evaluación que dista mucho de valorar adecuadamente la labor de un profesor. Reza el dicho: “es de sabios cambiar de opinión”; por lo visto, las autoridades están obstinadas en demostrar que al menos sabios, en el tema educativo, no son. 


Twitter: @proferoger85