jueves, 14 de diciembre de 2017

Dificultades para aprender Historia: una visión desde quinto grado de primaria.

*Rogelio Javier Alonso Ruiz

El aprendizaje efectivo de la Historia se ve amenazado por diversos factores, entre los que destacan la amplitud de los periodos históricos de estudio, el poco tiempo de enseñanza para la materia y la simplificación de  los momentos simbólicos más importantes. Lo anterior ha provocado que la Historia no cumpla con buena parte de sus fines, tales como la formación de individuos capaces de analizar fenómenos sociales y poseedores de una memoria colectiva sólida. Si bien el libro de texto gratuito no es la única herramienta de la que dispone el docente para el desarrollo de sus clases, es un recurso por demás relevante al representar la base mínima sobre la que construyen los conocimientos que se abordan en esta asignatura. Ante esto, vale la pena hacer un análisis del libro de Historia de quinto grado de educación primaria, en particular,  pues se ven reflejados los factores enunciados al inicio de este párrafo.

La amplitud de los periodos históricos que se estudian hace que éstos sean revisados apenas de manera superficial. Así, por ejemplo, en quinto grado de primaria, los estudiantes abordan temas que abarcan desde inicios del siglo XIX hasta la primera década del siglo XXI. Es tal la extensión del periodo que se estudia, que en el libro de texto la explicación de la Decena Trágica apenas abarca, literalmente, dos renglones. La situación anterior también propicia que se proporcione a los estudiantes piezas pequeñísimas de un rompecabezas que difícilmente pueden armar: por ejemplo, el complejo periodo de lucha entre las diferentes facciones revolucionarias, a la muerte de Madero, es explicada en apenas una página y media; la expropiación petrolera, por otra parte, es abordada en sólo media cuartilla. De este modo, aunque el enfoque de la asignatura sugiere la eliminación de prácticas relacionadas con la memorización de personajes, batallas o fechas, la gran extensión de los periodos estudiados hace imposible el cumplimiento de este precepto.

Otro de los obstáculos para el aprendizaje efectivo de la Historia es el tiempo. Con la publicación del Nuevo Modelo Educativo, el cual entrará en vigor en 2018, se confirma la tendencia de debilitamiento de la asignatura de Historia, lo cual se puede apreciar, de manera concreta, en el tiempo destinado a la materia: desde primer grado de primaria hasta tercer grado de secundaria, los alumnos recibirán en promedio 1.7 clases (de 50 minutos) de Historia a la semana, en contraste con las 2.6 clases de Inglés. Así pues, es para el gobierno más importante dominar una segunda lengua, que conocer las raíces históricas y los procesos sociales de los cuales se provienen. Situaciones como las anteriores dan fe del aminoramiento de los componentes sociales y de identidad nacional que conforman los planes y programas de estudio, en aras del fortalecimiento de cuestiones técnicas orientadas a la actividad económica. Aunado a que se abordan periodos históricos extensos, se deben estudiar en poco tiempo.

Prats y Santacana (citados por SEP, 2011) aseveran que una de las funciones elementales de la asignatura de Historia es la preservación de la memoria histórica, es decir, mantener vivos determinados recuerdos de episodios significativos para un pueblo. Lo anterior se ve obstaculizado cuando diversos hechos con una gran carga simbólica en la conciencia colectiva son simplificados o hasta eliminados. Llama la atención, por ejemplo, que en el libro de Historia de quinto grado de primaria, al tocar el tema del movimiento estudiantil de 1968, haya sido borrada la manera brutal en que fue reprimida la manifestación del 2 de octubre en Tlatelolco, tratando de quitar así de la memoria popular el carácter represor de la que fue víctima el pueblo por parte del gobierno. Asimismo, como ya se mencionó anteriormente, el tema de la expropiación petrolera es simplificado, de modo que lo sucedido el 18 de marzo de 1938, pareciera el resultado simplemente de un conflicto laboral común, sin un trasfondo de prácticas explotadoras y de despojo de la riqueza natural de los mexicanos por parte de las empresas trasnacionales. Pudiera decirse entonces, de manera figurada, que estos hechos de gran trascendencia en la conciencia colectiva son deliberadamente “descafeinados”, diluyendo su valor y significado y, por consiguiente, evitar analogías con la realidad actual.

La asignatura de Historia es quizá el espacio curricular más importante y poderoso para formar una conciencia nacional. Tal vez éste sea el motivo por el cual, deliberadamente, su enseñanza tenga tantos vicios que corregir. Resulta una materia riesgosa para los grupos del poder, puesto que otorga a sus estudiantes habilidades para analizar críticamente la realidad: “posibilita la exposición de las claves del funcionamiento social en el pasado. Es por lo tanto, un inmejorable laboratorio de análisis social” (Prats y Santacana, citados por SEP, 2011, p. 28). Seguramente, para los grupos dominantes, no es conveniente formar individuos que sean capaces de descifrar los mecanismos con los que funciona el aparato social y sensibles ante prácticas opresoras. Quizá esa sea la razón para entender su debilitamiento: permitiría a los millones de mexicanos que asisten a las aulas forjarse una conciencia histórica y social que les permita unirse (en torno a un pasado histórico) y analizar de manera crítica la realidad actual. 

Lo dicho en el párrafo anterior coincide con los ideales del pedagogo brasileño Paulo Freire (1970), quien en su obra cumbre, Pedagogía del oprimido, advierte sobre los riesgos de la prescripción, término que utiliza para definir la acción mediante la cual, de manera intencionada, la clase opresora “aloja” su conciencia en la clase oprimida para, de este modo, manipular su comportamiento y evitar el conflicto. De este modo, la conciencia de las clases más desfavorecidas se rige bajo pautas ajenas a ellas y se propicia que las masas populares se involucren críticamente en la realidad.  Así pues, el hecho de presentar el pasado histórico como una serie de acumulación de hechos simples, que difícilmente se les puede encontrar relación y significado, hace que se transmita la idea de la realidad como una situación inmodificable que existe per se.  

Así pues, la asignatura de Historia debe sufrir cambios importantes para su enseñanza efectiva. En primer término, se debe reducir la carga temática de la misma, disminuyendo los periodos históricos que se abordan, en aras de profundizar su estudio y no dejar a los estudiantes únicamente los datos básicos de los mismos, que pierden relevancia y son olvidados fácilmente. Se debe, además, incrementar el tiempo de enseñanza: si se exige a los docentes eliminar prácticas como la memorización de nombres, fechas y  batallas, pasando a aprendizajes más complejos como la identificación de causas y consecuencias en fenómenos sociales, correspondería por lógica una mayor carga horaria. Finalmente, para recuperar el carácter formativo de identidad de la Historia, se requiere reforzar la enseñanza de momentos significativos, profundizando no sólo en los hechos o personajes concretos, sino en la carga simbólica de los mismos. 



*Rogelio Javier Alonso Ruiz. Docente colimense de Educación Primaria (Esc. Prim. Distribuidores Nissan No. 61 T.V.) y de Educación Superior (Instituto Superior de Educación Normal del Estado de Colima). Licenciado en Educación Primaria y Maestro en Pedagogía. 
Twitter: @proferoger85

REFERENCIAS
FREIRE, Paulo. Pedagogía del oprimido. México: Siglo XXI, 2005.
PRATS, Joaquín. Enseñar Historia: notas para una didáctica innovadora. Mérida: Junta de Extremadura, 2001.
SEP. Aprendizajes clave para la educación integral. Plan y programas de estudio para la educación obligatoria. México: autor, 2017.
SEP. Enseñanza y aprendizaje de la Historia en Educación Básica. México: autor, 2011.

viernes, 8 de diciembre de 2017

Aurelio Nuño: terminó el spot.

*Rogelio Javier Alonso Ruiz

Aurelio Nuño estuvo al frente de la Secretaría de Educación Pública (SEP) desde el 27 de agosto de 2015 hasta el 6 de diciembre de 2017, cuando el Presidente de la República decidió aceptar su renuncia. Aunque su mandato apenas superó los dos años, durante este tiempo se presentaron acontecimientos significativos que pusieron al descubierto, entre otras cosas, su predilección por las cámaras y los reflectores, su ignorancia sobre temas pedagógicos y de organización escolar y su incapacidad para resolver situaciones problemáticas. Desde el inicio de su gestión, se decía que su tarea principal sería la implementación de las políticas derivadas de la Reforma Educativa, sin embargo, sus acciones caracterizadas por la negación al diálogo y el desprecio de las críticas, hicieron que hasta la fecha esta reforma no sea del todo aceptada por amplios sectores del magisterio y de la sociedad en general.

En diversos momentos el hoy ex secretario dejó entrever su desconocimiento de la realidad educativa mexicana y de conceptos pedagógicos básicos, como quedó demostrado en la presentación del Nuevo Modelo Educativo, documento que él mismo se atrevió a calificar como la piedra angular de una auténtica revolución educativa. Lo que Nuño dijo sobre el documento Aprendizajes clave para la educación integral. Plan y programas de estudio para la educación básica sacó a relucir su profundo desconocimiento sobre nociones pedagógicas elementales: calificó como innovadoras ideas tales como la  evaluación formativa, el aprendizaje significativo, las habilidades para aprender a aprender o el aprendizaje como interacción social, conceptos todos que ya se encontraban presentes entre el magisterio incluso desde hace algunas décadas. El documento recibió severas críticas por parte de expertos en materia, quienes advirtieron, entre otras cosas, que los principios pedagógicos y el perfil de egreso de los diferentes niveles educativos eran prácticamente los mismos que los ya existentes, por lo que la revolución educativa que planteaba Nuño era una mera ilusión sin fundamentos. En suma, la supuesta innovación de los postulados del documento presentado sólo existió en la mente del entonces secretario.   

Otro hecho que puso de manifiesto la ignorancia del secretario en torno al funcionamiento de las escuelas sucedió a finales de 2016, cuando a través del comunicado 493 estableció las intenciones por practicar una estrategia de reconcentración de las escuelas más dispersas, con menos alumnado y en poblaciones más pequeñas del país. Si bien esta iniciativa, que fue llevada a pilotaje en algunas entidades, tenía evidentes justificaciones económicas, recibió objeciones considerando argumentos que quizá el entonces secretario no contempló, o no conocía, sobre la dinámica escolar: propiciaba el desarraigo de la escuela con la comunidad de procedencia del alumno, impedía la interacción del centro escolar con los padres de familia y dificultaba la asistencia a clases de las niños provenientes de los estratos sociales más desfavorecidos, entre otros. Quizá por desconocimiento o quizá por ignorancia, se antepusieron los intereses administrativos a los académicos y escolares. La reconcentración de escuelas en contextos urbanos también ha ido tomando fuerza, dejando pasar así una oportunidad valiosa para, aprovechando la disminución de la población infantil, formar grupos escolares con menos integrantes y más propicios para un trabajo adecuado.

La gestión de Aurelio Nuño al frente de la SEP también quedará marcada por el desmantelamiento de una de las instituciones más importantes y de mayor tradición de la educación mexicana: la Escuela Normal. Durante su mandato, se dio continuidad a un proceso de reducción de la matrícula normalista, que ha llevado a perder más de una cuarta parte (28.6%) del alumnado de 2012 a 2016, fenómeno totalmente desproporcionado a las tasas de disminución de la población infantil y juvenil del país. Los golpes al normalismo se han concretado en el Nuevo Modelo Educativo, anunciado por Nuño, en el cual la SEP determina que las opciones para laborar en el magisterio se abren no sólo a los egresados de carreras normalistas, sino también universitarias. Esto pone en una clara desventaja a las Escuelas Normales, pues sus egresados tienen un campo laboral más limitado que los de las universidades. Así pues, es lógico que las carreras normalistas poco a poco dejarán de ser atractivas para los jóvenes mexicanos, representando esto una posible extinción de las instituciones formadoras de maestros más importantes del país.  

En el ámbito político, el tiempo que Aurelio Nuño estuvo en la SEP puso de manifiesto su incapacidad para mediar y resolver situaciones de conflicto. La cerrazón para mantener el diálogo con voces disidentes propició que los conflictos se agudizaran, sobre todo aquellos relacionados con la implementación de las políticas derivadas de la Reforma Educativa. Tal fue su desprecio por las ideas de los opositores que únicamente accedió al diálogo condicionando, desde un inicio, las conclusiones del mismo: “si el diálogo es (…) para querer hacer un debate sobre la reforma, es un diálogo que no tiene sentido. Nosotros abiertos al diálogo, pero a un diálogo sobre cómo implementar la Reforma Educativa”, dijo el ahora exsecretario en octubre de 2015. Estas palabras dejan entrever una naturaleza terriblemente antidemocrática y hasta infantil: acceder a debatir ideas poniendo como condición el triunfo de las propias.

Así pues, los conflictos magisteriales, lejos de disminuir, se agudizaron con la presencia de Aurelio Nuño y sus actitudes arrogantes y soberbias. Las protestas magisteriales fueron escalando y encontraron su punto crítico en el enfrentamiento en Nochixtlán, Oaxaca, en junio de 2016, donde el operativo por parte de la Policía Federal dejó como saldo al menos seis muertos y un centenar de heridos entre los padres y maestros que protestaban contra la Reforma Educativa. Aunque de manera indirecta, se puede decir que la incapacidad de Nuño Mayer para negociar y quitar presión a los conflictos sociales llevó a que las diferencias se dirimieran con balas y vidas humanas de por medio.

En su paso por la Secretaría de Educación, Nuño Máyer demostró también su predilección por los reflectores, las cámaras y la simulación en los medios de comunicación. Una de las “producciones televisivas” más importantes del ex secretario fue el enaltecimiento de un profesor oaxaqueño, quien en mayo de 2016 dio clases en plena calle (con cámaras de por medio, desde luego) cuando sus compañeros disidentes habían cerrado su escuela protestando por la implementación de la Reforma Educativa. El docente recibió la llamada de Aurelio Nuño, quien incluso le transmitió las felicitaciones por parte del Presidente de la República. La noticia se propagó en diversos medios, al grado de ocupar la primera plana de algunos periódicos de circulación nacional. Meses después, se supo que el maestro encumbrado había pasado cerca de 15 años fuera de las aulas por problemas de alcoholismo y ni siquiera tenía la carrera terminada, mucho menos cédula profesional. Parece que el casting de aquella producción no fue tan cuidadoso.

El caso más emblemático de adicción por las cámaras y los reflectores sucedió durante el sismo del 19 de septiembre de 2017, cuando Nuño, cual político oportunista, pasó varias horas en las inmediaciones de las ruinas del Colegio Enrique Rébsamen, esperando el rescate de Frida Sofía, una niña que en realidad nunca existió. Las cámaras y los reporteros (de Televisa, sobre todo) estaban listos, la nota (o spot, como quiera verse) sería perfecta, pero nunca logró realizarse: el Secretario de Educación, saliendo de entre los escombros con la pequeña estudiante entre los brazos, simbolizando, quizá, la gesta heroica de Nuño en favor de la educación, la niñez y la juventud mexicana. Al saberse la inexistencia de la niña, el entonces secretario se retiró silenciosa y cobardemente, dejando a los rescatistas la responsabilidad de explicar lo sucedido y asumir la responsabilidad por la “confusión”.

Desafortunadamente para la educación mexicana, el paso de Aurelio Nuño por la Secretaría de Educación fue infructuoso y hasta dañino. No hay logros importantes en su gestión y, si los hay, seguramente ya fueron cacareados debidamente en spots oficiales. Aunque fue poco el tiempo en el cargo, no se observaron cambios significativos en el ámbito educativo, mucho menos voluntad para realizarlos. El puesto, pareciera, fue utilizado entre otras cosas para promocionarse en aras de metas políticas personales. Su desempeño fue el típico de un funcionario de escritorio, distante de la realidad educativa cotidiana. Su incapacidad para escuchar críticas y propiciar puntos de acuerdo con las voces opuestas ha generado que el emblema de la obra educativa de este gobierno, la Reforma Educativa, sea ampliamente rechazada por buena parte del magisterio y del pueblo en general. Así pues, la salida de Aurelio Nuño y el recuento de su gestión, hacen evidente la necesidad de que el cargo sea ocupado por alguien que conozca el sistema educativo no sólo visto desde arriba, desde la óptica gubernamental, sino también desde sus entrañas, desde lo cotidiano en las escuelas; alguien que reconozca en los hechos, y no sólo en los discursos, la labor de sus principales aliados: los maestros; alguien que se haya paseado por los pasillos de una escuela pública y no necesariamente acompañado de cámaras y micrófonos.


*Rogelio Javier Alonso Ruiz. Docente colimense de Educación Primaria (Esc. Prim. Distribuidores Nissan No. 61 T.V.) y de Educación Superior (Instituto Superior de Educación Normal del Estado de Colima). Licenciado en Educación Primaria y Maestro en Pedagogía. 

Twitter: @proferoger85