miércoles, 21 de junio de 2017

El significado de la victoria de Cañada Honda

Rogelio Javier Alonso Ruiz*

Durante el mes de junio del presente año, las autoridades educativas de Aguascalientes y las alumnas de la Escuela Normal “Justo Sierra Méndez”, de Cañada Honda, sostuvieron un conflicto motivado por la amenaza de reducir la matrícula de la institución y en permitir el ingreso de varones a la misma.  Luego de semanas de tensiones y negociaciones, finalmente, las autoridades y las estudiantes lograron un acuerdo. Sostener una matrícula de ingreso de apenas 120 estudiantes y preservar a una institución exclusivamente para mujeres quizá pueda representar poco para la mayor parte de la opinión pública. Sin embargo, la lucha y los logros de las normalistas de Cañada Honda, si se analizan de fondo, tienen un simbolismo gigantesco.

Un primer significado que se le puede atribuir a la victoria de Cañada Honda tiene que ver con la defensa de la matrícula normalista. En los años de gobierno del presidente Enrique Peña Nieto, la matrícula de las Escuelas Normales ha tenido un déficit de más de 37,000 estudiantes, es decir, la cantidad de normalistas se ha reducido más de una cuarta parte desde 2012, lo que representa un ataque sin precedentes al normalismo. Las futuras maestras de Cañada Honda se negaron a aceptar la reducción en la matrícula de ingreso de su institución  y, aunque sólo se trataba de 20 espacios, los defendieron viendo más allá de sus propios intereses, brindando así oportunidad para que las nuevas generaciones puedan disfrutar las mismas posibilidades de superación que ellas han tenido. El defender tenazmente esos 20 lugares en la matrícula de ingreso es, sin duda, una muestra ejemplar de la defensa de la educación pública.  

La victoria de las normalistas de Cañada Honda representa también un pequeño, pero muy significativo, freno a la embestida del gobierno no sólo contra las normales rurales, sino contra la escuela rural. Recientemente, el Secretario de Educación, Aurelio Nuño Mayer, ha anunciado un plan para reconcentrar a las escuelas pequeñas y dispersas de Educación Básica, aglomerando a sus estudiantes en centros escolares más grandes. Lo anterior representa un riesgo para la existencia de miles de escuelas rurales y a su vez, una señal de que las autoridades no están dispuestas a arreglar las indignantes condiciones materiales en las que se encuentran estos planteles (algunas instituciones indígenas, por ejemplo, carecen de tazas sanitarias, agua potable o techos duraderos), optando mejor por el abandono de las mismas. Lo sucedido en Cañada Honda tiene tintes similares: la reducción de la matrícula ha sido el preámbulo para la extinción de otras instituciones de este tipo, golpeadas también en términos de infraestructura; así pues, la victoria de las normalistas hidrocálidas representa la preservación de una  de esas escuelas rurales a las que el gobierno ha ignorado durante años y ahora amenaza con su desaparición.

El internado en la Normal de Cañada Honda, con todo y sus endebles condiciones materiales, representa la única vía de superación para cientos de hijos de campesinos y obreros de regiones cercanas al centro escolar. El alimento y hospedaje que en esa institución se ofrecen, son fundamentales para que los estudiantes que a ella asisten puedan ejercer su derecho a la educación. Así pues, las normales rurales representan en sí mismas un valor que parece perdido dentro de nuestro sistema educativo: la equidad. De este modo, al defender su institución, las normalistas defienden también este valor con el que, se supone, se debería brindar a los más desfavorecidos mayores oportunidades para su superación. 

La lucha de Cañada Honda también representó un gran ejemplo de lo que puede hacer el pueblo unido y organizado. En este episodio, fue grato observar la hermandad que prevalece entre los alumnos de escuelas normales rurales de todo el país. A pesar de las grandes distancias que los separan, los normalistas se unieron e incluso estuvieron presentes, provenientes de planteles lejanos, en las manifestaciones de las estudiantes de Aguascalientes.  

La victoria de las alumnas de la Escuela Normal Rural “Justo Sierra Méndez” puso en evidencia que los acostumbrados métodos represores por parte de las autoridades no son la vía para la solución de los conflictos. Las valientes normalistas no se intimidaron incluso ante las agresiones físicas brutales en contra, principalmente, de los estudiantes provenientes de la Normal Rural de Tiripetío. Las futuras maestras, aunque los gobernantes señalen hipócritamente que “se privilegió el diálogo para llegar a acuerdos”, los obligaron a que sus voces fueran escuchadas, a doblar las manos al ceder en sus malévolas intenciones, demostrando que con valentía, resistencia y organización pueden ser vencidas incluso las autoridades más perversas. El triunfo en Cañada Honda es un recordatorio de que puede más un pueblo organizado que un gobernante perverso.   

Como es de esperarse, fue lamentable y tendencioso el papel de algunos medios de comunicación al dar cobertura a los eventos relacionados con este conflicto. Desde aquellos que elaboraron encabezados engañosos que hacían suponer una lucha discriminatoria hacia varones (“Alumnas no quieren que acepten hombres en Normal de Aguascalientes”), hasta otros que centraban su atención casi exclusivamente  en las acciones radicales y de protesta emprendidas por los normalistas rurales (pintas, tomas de vialidades y edificios públicos, entre otras), soslayando, convenientemente, las omisiones del gobierno que derivaron en la generación de este conflicto. No obstante, lo anterior no mermó el espíritu de lucha de las normalistas, sabedoras de que su causa era justa e importante.

Así pues, es digna de celebrarse la victoria de las alumnas de la Escuela Normal Rural “Justo Sierra Méndez” de Cañada Honda, Aguascalientes. Olvidémonos de que sólo se rescataron 20 lugares en una matrícula de ingreso y celebremos lo que la lucha simbolizó. Inspirémonos en su ejemplar batalla para unirnos y organizarnos ante las injusticias, para no permitir que se atente contra la escuela pública, para obligar a las autoridades a escuchar las voces de inconformidad y para luchar por la equidad que tanta falta hace en nuestro sistema educativo. Aunque sólo fue una batalla, que ésta sirva de inspiración para afrontar la guerra que el gobierno ha emprendido contra uno de los derechos más sagrados de los mexicanos: la educación pública. 

Twitter: @proferoger85


*Docente colimense de Educación Primaria (Esc. Prim. Distribuidores Nissan No. 61 T.V.) y de Educación Superior (Instituto Superior de Educación Normal del Estado de Colima). Licenciado en Educación Primaria y Maestro en Pedagogía. 

martes, 13 de junio de 2017

¿Por qué el gobierno odia a las Escuelas Normales Rurales?

Las Normales Rurales, concebidas como parte del proyecto revolucionario mexicano “son una de las pocas vías de ascenso social que tienen los jóvenes en el mundo campesino. En ellas se tiene acceso a educación, hospedaje, alimentación y, posteriormente, con suerte, trabajo calificado” (Hernández, 2011, p. 367). Si bien la importancia de estas instituciones es mayúscula, pues a ella acuden precisamente quienes más necesitados están de ejercer la movilidad social que debiera brindar la educación, es evidente que esto no tiene gran valor para las autoridades. En cambio, éstas manifiestan su desprecio hacia las Normales Rurales de muchas maneras, entre las que destacan la disminución del presupuesto para las mismas, acción que se ve reflejada en la escasez de material bibliográfico, el hacinamiento de los estudiantes, las porciones raquíticas de alimentos que se ofrecen en los internados, la reducción de la matrícula y el envejecimiento del mobiliario. En los últimos años, las escuelas normales rurales han sufrido no sólo el abandono del gobierno, sino el desprestigio por parte de un gran sector de la opinión pública.

Las dos figuras más importantes del gobierno federal, el Presidente de la República y el Secretario de Gobernación, tienen  en sus carreras políticas capítulos que han lastimado a la Escuelas Normales Rurales.  En el caso de Enrique Peña Nieto, durante su periodo como gobernador del Estado de México, además de reducir significativamente la matrícula de ingreso de las Escuelas Normales de su entidad, tuvo un conflicto con la Normal Rural de Tenería. Entre los deseos del entonces gobernador destacaban el reducir el número de estudiantes de esa institución, así como el presupuesto que se le asignaba, además de cerrar el internado.  Los alumnos de la normal rural resistieron los actos intimidatorios del gobierno (negociaciones cercadas por granaderos y amenazas de desalojo de la escuela, entre otros) y finalmente no permitieron que el futuro presidente concretara sus intenciones. Por su parte, a Miguel Ángel Osorio Chong, cuando fue gobernador de Hidalgo, le tocó dar el tiro de gracia a una normal rural que había sido poco a poco golpeada y desmantelada: El Mexe; después de años de mermar su matrícula y reducir su presupuesto, la normal rural finalmente fue sentenciada a su desaparición.

De 2000 a 2014, la investigadora Tatiana Coll (2015) ha documentado varios conflictos graves que involucran a las Escuelas Normales Rurales: Ayotzinapa en 2014, Tiripetío, Cherán y Arteaga en 2012, Tenería y Mexe en 2008 y Mactumatzá en 2003. En 2017, ha saltado a la luz pública el conflicto de la Normal Rural de Cañada Honda. En la mayoría de estos episodios, destaca la intención de las autoridades de mermar la matrícula y la infraestructura de las Normales Rurales; asimismo, prevalecen los métodos represores (agresiones físicas, encarcelamientos, desalojos, intimidaciones, etc.) por parte del gobierno para “solucionar” los conflictos. Si bien los estudiantes normalistas han incurrido en acciones radicales para la defensa de sus instituciones y han llegado a afectar a terceros, es alarmante que sólo mediante estos actos el gobierno esté dispuesto a escuchar, negociar y en algunos casos frenar su embestida. Asimismo, es lamentable que la realidad se haya distorsionado tanto que, para gran parte de la opinión pública, sea más grave la toma de un autobús, que la omisión del gobierno por preservar dignamente estas instituciones de vital importancia para los más desfavorecidos.

Las acciones contra las Escuelas Normales Rurales no son recientes, pues datan incluso desde el sexenio del presidente Gustavo Díaz Ordaz, cuando se cerraron múltiples planteles de este tipo. Al contemplar los abundantes conflictos, surge entonces la duda de por qué estas escuelas resultan tan incómodas para las autoridades. Una de las primeras razones pudiera ser que las Normales Rurales simbolizan la defensa de la escuela pública. Como muestra, recientemente las normalistas de Cañada Honda no han permitido que el gobierno reduzca la matrícula de ingreso a su institución, dejando así intactas las oportunidades de superación para quienes sólo tiene acceso a las escuelas de gobierno. Además, las Escuelas Normales Rurales, al nutrirse principalmente de alumnos provenientes de los estratos sociales más bajos, no encajan en un sistema educativo que tiende a favorecer la inequidad y a acrecentar las diferencias sociales, negando oportunidades de superación precisamente a quienes más las requieren.

También es posible entender el desprecio hacia las Escuelas Normales Rurales simplemente al observar el escudo de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE): tres de los cuatro rostros presentes en él son de egresados de este tipo de instituciones. Genaro Vázquez, Lucio Cabañas y Misael Núñez son considerados como pilares del movimiento magisterial de mayor oposición al gobierno en materia educativa. Los ideales de estos personajes han servido de inspiración a los estudiantes normalistas rurales y han sido tomados como referencia para asumir un papel docente que traspasa las aulas y se preocupa por la transformación social. Producto de lo anterior, se ha acusado a las Normales Rurales de ser semillero de guerrilleros, sin embargo, habría que acotar tal aseveración: si bien pudieran mencionarse posturas y acciones radicales, el espíritu de lucha que predomina en estos planteles no es una casualidad, sino que es una muestra de lo que sucede cuando los pobres y oprimidos se iluminan y se organizan.

Sería una ingenuidad entonces pensar que los ataques a las Escuelas Normales Rurales sean motivados para destruir “los nidos de grillos” o sean respuestas justificadas ante acciones radicales de sus integrantes. Sin duda, el fondo del rechazo a estas instituciones va más allá: se trata de combatir la idea de la defensa de la escuela pública, de borrar el principio de la equidad que debe estar presente en cualquier hecho educativo, de criminalizar a quienes no comparten la visión tecnócrata y mercantil que prevalece en las orientaciones educativas actuales y de eliminar las escuelas afines a los grupos de oposición más férreos a las políticas gubernamentales. Por eso, es digno de celebrarse que jóvenes normalistas, como las de Cañada Honda, hayan demostrado tenacidad y valentía para evitar que las autoridades asestaran un duro golpe a la educación pública y a las aspiraciones de las generaciones venideras de los más desfavorecidos.


Twitter: @proferoger85

REFERENCIAS

COLL, Tatiana. Las Normales Rurales: noventa años de lucha y resistencia. México: Universidad Autónoma Metropolitana, 2015. Disponible en: http://www.redalyc.org/pdf/325/32533819012.pdf


HERNÁNDEZ, Luis. Cero en conducta. Crónica de la resistencia magisterial. México: Brigada para leer en libertad, 2011. Disponible en: http://brigadaparaleerenlibertad.com/programas/cero-en-conducta/

lunes, 5 de junio de 2017

Golpes al normalismo

Al inicio de la Reforma Educativa, las voces disidentes advertían un posible golpe contra las Escuelas Normales del país. Las autoridades educativas se cansaron de mencionar, una y otra vez, que las Normales seguirían teniendo un papel central dentro de la formación de profesores y que su continuidad no estaba en entredicho. Con tal pretexto, acuñaron una frase que se repitió continuamente en los discursos ante la comunidad normalista: “las normales no desparecen, sólo se transforman”. Sin embargo, a cuatro años de las modificaciones constitucionales en materia educativa y la promulgación de las leyes correspondientes, las estadísticas demuestran un desvanecimiento del normalismo en México: las escuelas cada vez cuentan con menos estudiantes y, aunque en menor proporción, profesores frente a grupo.

Según el Sistema de Información Básica de la Educación Normal (SIBEN), al inicio del sexenio del presidente Enrique Peña Nieto, durante el ciclo escolar 2012-2013 se registró una matrícula de 131,025 alumnos en todas las escuelas normales del país. Para el ciclo escolar 2016-2017, disminuyó a 93,766 estudiantes, es decir 37,259 (28.5%) menos que en 2012. A partir de 2014, la disminución de la matrícula normalista ha sido de 10% entre un ciclo y otro.  Al igual que la matrícula estudiantil, la planta docente se ha visto mermada durante el presente sexenio: se ha presentado un déficit de 795 profesores normalistas en los últimos tres años, al pasar de 13,310 profesores frente a grupo en el ciclo escolar 2012-2013, a 12,515 en el ciclo escolar 2016-2017, es decir, un decremento del 5.9%. Si bien la población infantil de México empieza a disminuir ligeramente y esto pudiera justificar el cierre de espacios normalistas, es totalmente desproporcional que en tan sólo cuatro años se haya aniquilado a una cuarta parte de la matrícula de estudiantes, más aun cuando en el recién publicado Modelo Educativo, se reconoce “la alta demanda de nuevos maestros” (SEP, p. 140).

La decadencia de la matrícula normalista se ve reflejada también al hacer un contraste de la cantidad de alumnos en el tramo inicial y final de las carreras ofertadas. Fenómenos como la reprobación y el abandono escolar harían suponer que los primeros semestres de una carrera sean los más poblados, mientras que los últimos los menos. Sin embargo, para el ciclo escolar 2016-2017, la matrícula normalista de los primeros semestres es de 17,362 alumnos, por 18,612 del séptimo semestre. De manera atípica, en las escuelas normales del país se observa una pirámide invertida en la población estudiantil por semestres. Probablemente, además del cierre deliberado de espacios en las escuelas normales, la situación anterior puede haber sido motivada por las campañas de desprestigio hacia la figura del docente y la precarización de las condiciones laborales magisteriales a partir de la promulgación de la Ley General del Servicio Profesional Docente en 2013.

Al revisar la forma de contratación de los profesores, es posible advertir que desde el año 2009, si bien el porcentaje de docentes basificados pasó de 54% a 58.9%, lo cierto es que dicho aumento se generó sobre todo por el desplazamiento de profesores no basificados. La problemática de la basificación varía enormemente de una entidad a otra: mientras algunas como Oaxaca (98.3%), Coahuila (95.5%) y Tlaxcala (94.3%) están cerca de la universalización del personal basificado, otras como Colima (25.2%) y Guanajuato (20.7%) tienen rezagos muy marcados. La trascendencia de la basificación radica no sólo en la estabilidad laboral, sino también representa un requerimiento para participar en los procesos de homologación, los cuales brindan al docente la oportunidad de ver incrementada sus percepciones; es decir, la basificación tiene un impacto directo en la calidad de los empleos que se ofertan en las Normales. En suma, podría decirse que más de un tercio de los profesores de este nivel no tienen opciones de superación laboral. 

Así pues, los números demuestran que los discursos que reivindican el papel del normalismo en realidad están llenos de frases huecas. No obstante que en los actos públicos se insiste en considerar a las Normales como pilares de la formación docente, se permite simultáneamente la pérdida masiva de estudiantes y, en menor medida, de profesores. El Modelo Educativo presentado este año no plantea una solución a los desafíos que enfrentan las Escuelas Normales, pues está plagado de exigencias e ideales, más no de acciones que ayuden a refrendar el papel trascendental de estas instituciones centenarias. El Modelo propone una sinergia entre las Normales y las Universidades para la formación de los futuros profesores, más no establece los medios por lo que se conseguirá.  Con los números tan desalentadores presentados en los párrafos anteriores, surge una pregunta: ¿es la disminución de la matrícula estudiantil y la planta docente la antesala para la transferencia de la formación docente a las universidades?


Twitter: @proferoger85

REFERENCIAS
SEP. Modelo Educativo para la Educación Obligatoria. México: SEP, 2017.
SEP. Sistema de Información Básica de la Educación Normal. (Disponible en: www.siben.sep.gob.mx).