martes, 31 de mayo de 2016

Las Escuelas Normales: aplastadas por la Reforma Educativa.

No basta la extinción material para dejar de existir. A veces, el olvido, la irrelevancia y la inutilidad pesan más que la ausencia física. Las Escuelas Normales, a partir de la promulgación de las leyes emanadas de la Reforma Educativa, vivirán una situación similar: seguirán existiendo, pero su intrascendencia las orillará poco a poco al olvido.  

La Ley General del Servicio Profesional Docente (LGSPD) atenta contra el Normalismo como semillero de profesores de Educación Básica. Si bien en el artículo veintidós transitorio de esta ley se menciona que a las autoridades supuestamente les interesa mucho la Educación Normal y por consiguiente realizarán un plan integral para elevar la calidad de los egresados normalistas, en el artículo 24, referente al Ingreso al Servicio, se menciona que los aspirantes para obtener una plaza de docente deberán competir en igualdad de condiciones “sin demérito de (…) formación profesional”, es decir, ya no importará si vienen de una Normal o de cualquier otra institución.
Para intentar desviar la atención de este error flagrante, se indica que se privilegiará el perfil pedagógico, mas no que éste será un requisito indispensable para ejercer la docencia. Es incongruente: pretender impulsar la calidad de los egresados normalistas pero a la vez permitir que otros profesionistas ingresen al servicio docente. ¿Dónde queda entonces la relevancia de las Escuelas Normales y, sobre todo, de las públicas? ¿No confían las autoridades en su supuesto plan integral para impulsar el normalismo o éste en realidad es un discurso vacío?
Sin duda es polémica la apertura del ejercicio docente a cualquier profesionista, sin importar el perfil requerido. ¿Sería correcto que en un hospital se sometiera a concurso una plaza para cardiólogo dando apertura a oftalmólogos, pediatras, traumatólogos o alergólogos, pues han llevado una formación afín? Con la presente ley, la situación hipotética anterior se convertirá en realidad en el ámbito educativo. Para ser docente en Educación Básica, ya no se necesitará forzosamente haber cursado las carreras específicas para ocupar las plazas docentes, es decir Licenciaturas en Educación Preescolar, Primaria o Secundaria, pues los concursos para obtener plazas en estos niveles estarán abiertos a todos, independientemente de su formación profesional. Aurelio Nuño, Secretario de Educación, ha ido más allá de lo establecido por la ley: recientemente ha anunciado que ya ni siquiera será necesario contar con una carrera afín a las ofrecidas por las Escuelas Normales, sino que cualquier persona con licenciatura podrá ser candidata a ingresar al servicio docente.

Esto es una ofensa para el Normalismo pues, implícitamente, esta ley le dice a los estudiantes normalistas que ya no serán los únicos con posibilidades de estar en un aula, aún cuando fueron los únicos que se prepararon especialmente para ello durante cuatro años. ¿Que desde siempre ha habido pedagogos, psicólogos y otros profesionistas en el aula? Sí. ¿Que otros profesionistas han sido grandes profesores? Algunas veces ¿Es lo ideal? Definitivamente no, mucho menos en Educación Básica. Lo lamentable es que con la LGSPD esta inconveniente situación se legaliza. Pudiera pensarse que las ideas anteriores representan un deseo monopólico por parte de las Escuelas Normales para ocupar las plazas docentes, pero simplemente se trata de respetar los perfiles y la preparación académica que tienen sus egresados.
Así pues, la sentencia a las Normales ha sido anunciada claramente por Aurelio Nuño, quien al referirse a la formación inicial de los docentes, aseveró que "no es ya un monopolio nada más de quienes estudian en una Normal". Disfraza el Secretario con esas palabras su evidente deseo por dar cabida en las escuelas a un nuevo tipo de maestro: alejado de la vocación docente y del sentido humano que tanto se privilegia en las escuelas normales, desprovisto de fundamentos éticos y pedagógicos que tan necesarios son en la labor docente, carente de identidad profesional y, por tanto, de unidad entre sus colegas que pueda hacer frente a las precarias condiciones laborales que busca imponer esta Reforma. Evidentemente, las Escuelas Normales no son el lugar propicio para formar a docentes que se ajusten a la concepción del mundo de los grupos neoliberales. De ahí, entonces, el desprecio a estas centenarias instituciones. 


Twitter: @proferoger85

Los "privilegios" del magisterio.

¿Se imagina a un torero manifestándose por los derechos de los animales? ¿A un vendedor de piratería clamando respeto por los derechos de autor? ¿A un político exigiendo la desaparición de privilegios? Pues bien, recientemente, aunque sea difícil de creer, una de estas ironías extremas se ha vuelto realidad: Aurelio Nuño, Secretario de Educación, ha lanzado una ofensiva contra los supuestos privilegios del magisterio nacional.  

En un intento por minimizar y desacreditar la inconformidad ante la imposición de la Reforma Educativa, Nuño descalificó la lucha del principal grupo magisterial disidente señalando que ésta se centraba únicamente en la preservación de privilegios nocivos para el desarrollo educativo de la Nación. Sus palabras no sugirieron, ni remotamente, que las protestas encabezadas por los maestros del suroeste del país son un reflejo del hartazgo del profesorado nacional ante las leyes injustas que afectan seriamente sus condiciones salariales, de ingreso, permanencia y promoción. Asfixiado con su típica arrogancia y soberbia, Nuño no advirtió que su demanda, la erradicación de privilegios, más que a los maestros, se ajustaba perfectamente a los miembros de la clase política actual.  

Dentro de los muy limitados e irrelevantes argumentos de Nuño para defender la Reforma que tanto ha impulsado, siempre sale a relucir el tema del tráfico de plazas docentes.  Sin conceder que sea una práctica legítima, la venta y herencia de plazas magisteriales es un problema minúsculo si se compara con otros privilegios que afectan la vida del país. Señalar que alguien es privilegiado puede ser subjetivo, por lo tanto, se requiere de hechos y cifras concretas para, mediante un análisis comparativo, determinar cuáles son las verdaderas prerrogativas que lastiman a los mexicanos.

Si se habla de privilegios, sería interesante conocer cuántos maestros con plaza inicial (percibiendo aproximadamente $10,000 mensuales) son capaces de comprar a sus esposas un vestido de más de $100,000, tal cual lo hace el presidente de la República a la primera dama en los tradicionales festejos por la Independencia de México. Asimismo, para aquilatar los privilegios a los que hace referencia Nuño,  resultaría pertinente calcular cuántos préstamos vacacionales a los que tienen acceso los maestros se requerirían para pagar el hospedaje, de tan solo una noche ($49,000), en el hotel en el que estuvo el presidente Peña en su más reciente gira por Bélgica. Sería impensable también para un profesor pagar las vacaciones de varias decenas de amigos, como si lo puede hacer el presidente con sus 232 allegados, a quienes les pagó su gira "de trabajo" por Gran Bretaña. ¿Por qué esa clase de privilegios, notoriamente más nocivos para el país, no le causan comezón a Nuño? ¿Por qué sólo los de los "acaudalados" profesores?
 
Sin duda Nuño no conoce la docencia. No sabe que los privilegios, si se le puede llamar así, del  profesor  rara vez son materiales. No hay nada que regatearle a los maestros por supuestos privilegios y, menos, esos reclamos deben provenir de miembros de la clase política. Nuño miente descaradamente, tratando de desviar así la atención de una reforma perversa para la Nación mediante cualquier disparate que se le ocurra.  

Es evidente que Nuño no tiene calidad moral para exigir la desaparición de privilegios. No la tiene porque es priísta y su partido, en días recientes, ha sido promotor en el Congreso de privilegios insultantes tales como perdonar a los funcionarios que roben pero "regresen lo robado". No puede hablar de privilegios porque forma parte de un grupo político que disfruta mansiones mal habidas, medios de transporte exageradamente lujosos, ropa de precios desorbitados...  Finalmente, no tiene autoridad para referirse a las prerrogativas porque, irónicamente, gana en un día más de lo que gana en una quincena muchos de aquellos maestros a los que él llama privilegiados.


Twitter: @proferogelio85

jueves, 26 de mayo de 2016

Nuño, el maestro.


Pareciera que el grupo político encabezado por el presidente Peña elige cuidadosamente el perfil de cada uno de sus integrantes. Es claro que, dentro de esa selección, una de las características que buscan imprescindiblemente es la incongruencia.  Los ejemplos son múltiples: exigen a los mexicanos ajustarse el cinturón pero no dudan en costear giras presidenciales costosísimas, promueven leyes anticorrupción pero disfrutan impunemente sus mansiones mal habidas, hablan de democracia pero domestican al Congreso mediante un pacto nocivo... y así la lista puede seguir. Uno de los integrantes de este equipo, el Secretario de Educación, Aurelio Nuño Máyer, es experto en hacer divergir su discurso con los hechos.

Desde que se inició en funciones del cargo que actualmente ostenta, Nuño ha señalado repetidamente que uno de los beneficios de la Reforma Educativa es que, a partir de ahora, cualquier movimiento de ingreso, permanencia o promoción en el servicio magisterial será derivado de la evaluación docente. Ha cacareado hasta el cansancio que se acabaron los tiempos en los que era más importante tener conocidos que tener conocimiento. Inexplicablemente, al anunciar la creación de subdirecciones administrativas en Educación Básica, ha señalado que estas plazas serán ocupadas por ex comisionados sindicales, sin evaluación previa de por medio, dejando así de lado su supuesto deseo de que los puestos sean ocupados por méritos.

En otro orden de incongruencias, Aurelio Nuño ha pregonado en diversas ocasiones que la evaluación docente ha despertado interés y optimismo entre los docentes, con tanta intensidad, que incluso algunos que no fueron seleccionados se han sumado voluntaria y alegremente a la misma. Si era tanto el fervor de los docentes por ser examinados, ¿entonces por qué conforme avanzó la evaluación tuvo que ofrecer dádivas a los docentes con el propósito de incentivar su participación, tal es el caso de accesos preferenciales a créditos hipotecarios? ¿Era esto necesario?

En el más reciente paro nacional convocado por el magisterio disidente a partir del Día del Maestro, Nuño destacó que en entidades como Michoacán, Guerrero, Oaxaca y Chiapas, el porcentaje de escuelas que había laborado rozaba el 100% en algunos casos, dando así a entender que la oposición a la Reforma Educativa había sido sepultada incluso en los estados bastiones del movimiento magisterial opositor. Difícil de entender es, entonces, que haga tanto alboroto mediático por un docente que decidió dar clases en la calle cuando su escuela fue cerrada por sus colegas.   Algo no cuadra ahí. ¿Por qué enaltecer la imagen de un profesor en particular que sí laboró cuando, supuestamente, en la inmensa mayoría de las escuelas de los estados mencionados se trabajó con perfecta normalidad?

Recientemente, Aurelio Nuño ha descalificado a la principal agrupación magisterial disidente bajo el argumento de que lo único que ésta busca es mantener sus privilegios. Resulta extraño y hasta contradictorio que un personaje como Nuño se atreva a tocar el tema de los privilegios. ¿Por qué sólo le incomodan los privilegios de los docentes y no los de su jefe, quien viaja en el avión presidencial más caro del mundo o que se hospeda en hoteles europeos por más de $40,000 por noche? ¿Por qué no externó inconformidad ante la propuesta de su partido político de privilegiar y perdonar a los funcionarios que roben pero "reembolsen" lo robado?

Y así se pueden citar más incongruencias de este personaje: desde mencionar que se dará un impulso histórico a las Escuelas Normales y posteriormente tacharlas de ser un cero a la izquierda a partir de la Reforma Educativa; hasta felicitar y reconocer la labor docente, pero secundar los mandatos de las nuevas leyes educativas y permitir que cualquier desempleado pueda ocupar un puesto en la docencia.  De este modo, resulta complicado descifrar la misteriosa e inexplicable relación entre el discurso y los hechos de Nuño.  No cabe duda, al frente de la Secretaría de la Educación se encuentra un gran maestro... pero de la incongruencia.